Henkel y el Nacional Socialismo
La postura de la compañía y de los principales miembros de la familia hacia el nacionalsocialismo se caracterizó inicialmente por la moderación, la adaptación pragmática y la cooperación.
Hugo Henkel, originalmente liberal y políticamente activo en el Partido Democrático Alemán (DDP), asumió la dirección exclusiva de la empresa en 1930. Su enfoque empresarial estaba fuertemente orientado hacia la tecnología, la eficiencia y la creación de mercados internacionales. Aunque vio con escepticismo la toma del poder por los nazis en 1933, se unió al NSDAP ese mismo año, según declaraciones posteriores, para proteger la empresa. Testigos confirmaron sus esfuerzos por evitar la interferencia política.
No obstante, Hugo Henkel se adaptó rápidamente al régimen, participó activamente en comités afiliados al nazismo hasta 1942 y elogió públicamente a Hitler. La empresa participó en campañas de propaganda. En 1938, Hugo Henkel fue destituido de la dirección de la empresa por su sobrino Werner Lüps (1906-1942), tras un asunto fiscal.
Sin embargo, en general, las declaraciones políticas de la dirección de la empresa y de los miembros de la familia siguieron siendo la excepción durante esos años. No existe una línea ideológica clara dentro de la familia, sino que prevaleció el oportunismo pragmático, algo muy extendido en los círculos empresariales de la época.
Las actitudes políticas del personal de Henkel
Las opiniones políticas del personal de Henkel durante la era nazi distaban mucho de ser uniformes, reflejando las tensiones y convulsiones sociales de la época.
Mientras que la clase obrera votó mayoritariamente a los socialdemócratas en las elecciones al comité de empresa de 1933 (66,5%), los empleados administrativos mostraron una afinidad mucho mayor por el NSDAP, que obtuvo cuatro de los cinco escaños de ese grupo. Según Viktor Kirberg, entonces presidente del comité de trabajo, la proporción de simpatizantes del NSDAP entre el personal administrativo, aumentó posteriormente hasta alrededor del 90%.
La afiliación al NSDAP era especialmente fuerte entre los ejecutivos, como los directores generales, los ingenieros y los jefes de departamento. La afiliación al partido se convirtió, cada vez más, en un requisito previo para el avance profesional.
A pesar del claro éxito electoral de los socialdemócratas, el comité de empresa se vio obligado a alinearse con el régimen en mayo de 1933. Kirberg perdió su cargo, pero siguió trabajando en la compañía como capataz. El nuevo "Consejo de Confianza" ya no era elegido libremente, sino que era nombrado por la dirección y la Organización Celular Nazi de Fábricas (NSBO, por sus siglas en alemán). Las elecciones ficticias de 1934 y 1935 tuvieron poca aceptación, siendo completamente abolidas de manera posterior en 1936.
La actitud del personal siguió siendo ambivalente: muchos participaban en los actos nazis porque se esperaba su asistencia, mientras que otros eran partidarios más convencidos de la ideología, especialmente en los rangos superiores de la empresa.
Henkel bajo el liderazgo de Werner Lüps
En 1938, Werner Lüps se convirtió en la figura central de la empresa. El nieto de nuestro fundador, se unió al NSDAP desde el principio y cultivó estrechos vínculos con los principales miembros del partido, lo que utilizó estratégicamente para consolidarse dentro de la compañía.
Su ascenso culminó en una conspiración contra su tío, Hugo Henkel, quien se había visto debilitado por un asunto fiscal después de 1936. Lüps reunió material incriminatorio contra Hugo Henkel. Con el apoyo de los nacionalsocialistas, Hugo Henkel se vio obligado a dimitir como director de la empresa en el verano de 1938; tuvo que pasar al consejo de supervisión y dejó de tener influencia activa en el desarrollo de la empresa.
Lüps asumió el liderazgo de la empresa y condujo a Henkel por la senda nazi. En 1940, la empresa fue reconocida como "Empresa Modelo Nacionalsocialista". Lüps se presentó como un líder económico modelo, organizando eventos propagandísticos a gran escala en la compañía. Persiguió ambiciosos objetivos empresariales, entre ellos, la adquisición de Degussa, con el fin de convertir a Henkel en la segunda empresa química más importante junto con IG Farben. Sin embargo, su agresiva estrategia, así como su estilo de gestión, se encontraron con una resistencia cada vez mayor, tanto dentro de la empresa, como dentro de la familia Henkel.
En 1942, el conflicto interno se intensificó: Lüps volvió a lanzar acusaciones contra Hugo Henkel, pero fue él mismo destituido del poder por la mayoría de los accionistas. Poco después, murió en un accidente de coche. Tras su muerte, el Dr. Jost Henkel (1909-1961), hijo mayor de Hugo Henkel, se convirtió en "Director de planta". El Dr. Hermann Richter (1903-1982) asumió el cargo de presidente del consejo de administración. Después de 1945, la empresa se distanció de Lüps y lo presentó como la única "oveja negra", una visión simplista que ignoraba la responsabilidad más amplia.
Las ”arianizaciones" en Henkel durante el nacionalsocialismo
Durante la era nazi, Henkel participó en varias "arianizaciones", es decir, la expropiación de empresas judías, con el fin de obtener ventajas económicas. Los objetivos eran acceder a materias primas, ampliar la capacidad de producción y asegurar cuotas de mercado. Henkel solía actuar de forma indirecta a través de filiales como Dreiring o Dehydag. Entre otras, se vieron afectadas empresas de Fráncfort del Óder, Viena, Praga y Danzig.
Después de 1945, Henkel intentó relativizar su papel en las "arianizaciones", pero tuvo que pagar indemnizaciones en varios casos. Los actos individuales de ayuda a ciudadanos judíos, como el rescate de la madre de un compañero de colegio de Konrad Henkel, no alteran la complicidad de la empresa.
Trabajos forzados en Henkel durante el nacionalsocialismo
Durante la Segunda Guerra Mundial, Henkel, al igual que la mayoría de las empresas alemanas, empleó a trabajadores extranjeros forzados para compensar la escasez de mano de obra causada por el reclutamiento en la Wehrmacht (Fuerza de defensa). Entre ellos se encontraban tanto trabajadores civiles forzados, como prisioneros de guerra, traídos a Alemania a través de oficinas de empleo, agencias militares o reclutamiento forzoso. Los trabajadores procedían de países como Francia, Bélgica, Italia, Polonia y la Unión Soviética.
En la planta de Düsseldorf-Holthausen, la proporción de trabajadores forzados alcanzó su máximo el 31 de diciembre de 1943, con un 15,8%. En otras plantas, superó el 50 % en algunas ocasiones. Los trabajadores civiles forzados eran alojados en campamentos propiedad de la empresa, mientras que los prisioneros de guerra eran recluidos en instalaciones gestionadas por la Wehrmacht.
Las condiciones de vida y de trabajo variaban enormemente. Mientras que en el caso de los prisioneros de guerra occidentales se respetaban, en su mayor parte, las convenciones internacionales, los prisioneros de guerra soviéticos y los llamados "trabajadores orientales" sufrían condiciones especialmente precarias. Por lo general, se les alojaba en campos de concentración, separados según su nacionalidad. La jornada laboral oscilaba entre 47 y 60 horas semanales.
Henkel empleaba a trabajadores forzados en casi todas las áreas y los mantenía bajo estricto control. El contacto con los alemanes estaba prohibido y se castigaba severamente. Tres prisioneros de guerra soviéticos murieron en Henkel, en Düsseldorf-Holthausen: dos por envenenamiento tras ingerir accidentalmente productos químicos, y uno por disparos de los guardias de la Wehrmacht tras intentar escapar. Después de la guerra, muchos, especialmente los "trabajadores del este", permanecieron inicialmente en los campos y fueron considerados "personas desplazadas".
Junto con otras empresas alemanas, Henkel se unió en el año 2000 a la iniciativa fundacional "Memoria, Responsabilidad y Futuro". A finales de la década de 1990, se llevó a cabo una investigación exhaustiva sobre la historia de los trabajadores forzados y los prisioneros de guerra en Henkel -por encargo de la empresa-, que se publicó en 2001 en el libro de historia de Henkel "Menschen und Marken" (Personas y marcas).
Conclusión
La historia de Henkel durante el nacionalsocialismo es un ejemplo de la adaptación gradual y generalizada de una empresa familiar, originalmente liberal, a la dictadura durante este periodo. En general, los responsables de Henkel, como muchos otros, actuaron principalmente por motivos económicos, ignorando, en gran medida, la responsabilidad moral. La imagen es contradictoria en lo que respecta a la plantilla: aunque muchos trabajadores se limitaron a seguir la corriente, el apoyo al NSDAP era elevado, tanto entre los empleados, como entre los directivos. La evolución política de Henkel es típica de muchas grandes empresas alemanas de la época: la distancia inicial dio paso a una adaptación pragmática, así como a la implicación en el régimen nazi.