La producción, la tecnología y la forma de trabajar evolucionaron de manera acelerada desde los años 70 hasta la actualidad. En ese recorrido, las empresas han sido actores clave de la economía argentina. Henkel, la compañía alemana especializada en tecnologías adhesivas y cuidado capilar profesional, es un caso que permite observar cómo la industria se adaptó a esos cambios a lo largo del tiempo.
Durante las últimas cinco décadas y media, la industria argentina atravesó profundas transformaciones en sus procesos productivos, en la incorporación de tecnología y en la organización del trabajo. En ese recorrido, algunas empresas lograron sostener su operación en el país, así como adaptarse a los cambios del contexto, integrándose progresivamente a dinámicas globales.
Henkel es una de ellas. Con 55 años de presencia ininterrumpida en el país, la compañía ha sido testigo de ese proceso de evolución industrial, que hoy puede leerse a través de las experiencias de quienes vivieron esos cambios desde adentro. Las historias de Hernán Varela y Gerardo Labhart, dos colaboradores con trayectorias extensas, permiten reconstruir cómo se pasó de estructuras mayormente manuales a operaciones integradas y digitalizadas.
Del télex a la comunicación en tiempo real
Hernán Varela ingresó a Henkel hace más de 25 años. Comenzó su carrera en áreas administrativas como Tesorería, Proveedores y Contabilidad. Con el tiempo, se especializó en Supply Chain (cadena de suministros), acompañando procesos clave de transformación organizacional, así como operativa.
“El cambio más grande fue la forma de comunicarnos. Cuando empecé usábamos télex y fax; hoy nos conectamos en tiempo real con cualquier parte del mundo”, recuerda. Su camino refleja la digitalización de los procesos, de la mano de una mayor integración entre áreas técnicas, plantas productivas y cadenas de suministro globales.
A lo largo de los años, Varela destaca el acompañamiento de la empresa en distintas etapas de su vida profesional y personal, así como el énfasis puesto en la formación continua y la movilidad interna como herramientas para adaptarse a un entorno productivo cada vez más complejo.
Una empresa en transformación permanente
Gerardo Labhart ingresó a la compañía en 1980, a través de una adquisición de Henkel en San Isidro, y gran parte de los procesos productivos eran manuales. A lo largo de cuatro décadas, fue parte de algunos de los hitos más relevantes de la empresa en el país: la mudanza de la planta de base acuosa a Chivilcoy, la incorporación de nuevas líneas de producción, la integración posterior a la adquisición de National Starch & Chemical y la adopción progresiva de estándares globales.
“Los desafíos se multiplicaron: nuevas culturas, nuevas estructuras, nuevos productos y aplicaciones”, resume. Para Labhart, el cambio fue integral: “Nada quedó igual. Cambió la tecnología, la organización y las oportunidades”.
Su experiencia refleja el impacto que tuvo la modernización productiva y la integración internacional en la forma de trabajar dentro de la industria, así como la convivencia tanto de distintas generaciones, comosaberes dentro de una misma organización.
Trayectorias que reflejan un cambio de época
Ambas historias coinciden en que la transformación tecnológica estuvo acompañada por cambios culturales y organizacionales muy profundos: nuevas formas de trabajo, mayores niveles de especialización, así como equipos cada vez más diversos. También concuerdan en el valor del aprendizaje continuo, sintiéndose acompañados por la empresa a lo largo de distintas etapas de la vida laboral.
Para quienes se incorporan hoy a la industria, el mensaje que transmiten es claro: aprovechar las oportunidades de formación y crecimiento que ofrece una organización en constante evolución, entendiendo que el desarrollo profesional es un proceso a largo plazo.
Una transformación que acompaña a la industria argentina
En el transcurso de estas cinco décadas y media, la operación local de Henkel pasó de estructuras productivas mayormente manuales a procesos automatizados, incorporó nuevas tecnologías, trasladó parte de su actividad industrial al interior del país y se integró a cadenas de valor globales. Un recorrido que acompaña, en escala, la evolución que atravesó buena parte de la industria argentina desde los años 70 hasta la actualidad.